El sentido de nuestras oraciones
Cierta mañana estuve escuchando una canción cuya primera estrofa dice: "Si mis oraciones, hablan más de mí, quiero disculparme, se trata de ti". Y al oírla me detuve a meditar en las tantas veces en que mis oraciones se enfrascan más en lo que deseo que Dios haga en mi vida o en la vida de otros. Con ello no estoy diciendo que esté mal hacer ese tipo de peticiones, pues sé que está bien que le pidamos a Dios lo que deseamos, siempre y cuando confiemos en que al final de todo se cumpla la voluntad de Dios, ya que ésta es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2).
El punto es que nuestras oraciones deberían tratar más de Él, de buscar conocerlo más, para poder amarlo más. ¿O es que acaso alguien puede amar a alguien que no conoce? ¿O alguien puede decir que ama a Dios, pero en realidad no es a Dios a quien ama, sino a alguien que creó en su mente y que se acomoda más a sus inclinaciones?.
Por ello es necesario que conozcamos verdaderamente a Dios y eso sólo podemos hacerlo a través de la Biblia y la oración. De ahí que resulta importante el enfoque de nuestra oración.
Y es que si recordamos la oración que Jesús nos dio como modelo, en la primera parte dice: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.” (Mateo 6:9-10). En ella nos muestra lo importante que es reconocer quien es Dios, bendecirlo y pedir que se haga Su voluntad. Ésto es lo primero.
Simplemente necesitamos ser intencionales para deleitarnos con Su presencia. Hacer que nuestras oraciones sean más bíblicas y menos emocionales. Y es que el propósito de la oración es que entreguemos a Dios nuestro corazón, para que Él deposite en nosotros Sus deseos, Sus pensamientos y Sus propósitos.
Aún cuando vivimos en una época en la que el antropocentrismo y el lema "amate a ti mismo" son populares, es necesario que recordemos que no somos el centro de nada, y menos aún cuando nos acercamos a hablarle a Dios.
En definitiva, la oración sirve para que podamos conocerlo más y que Su Santo espíritu pueda transformar cada partícula de nuestro ser. Si nuestras oraciones se tratan más de nosotros mismos, recordemos que todo se trata de Él.
¡Bendiciones!

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